La danza puertorriqueña
La danza es una de las principales manifestaciones de la cultura puertorriqueña. En ella se funden el sentimiento romántico, la elegancia del baile, la creatividad de nuestros compositores y una cadencia rítmica que el pueblo hizo suya hasta convertirla en expresión de identidad nacional.
Sus orígenes
No existe una explicación única y definitiva sobre el origen de la danza puertorriqueña. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos sitúa sus comienzos cerca de 1840, cuando la contradanza española todavía gozaba de gran popularidad en Puerto Rico.
Aquella contradanza era un baile organizado y bastante rígido. Las parejas seguían las instrucciones de un bastonero, quien decidía cuántas participarían, el lugar que ocuparía cada una y hasta los movimientos que debían ejecutar. El primer bailarín realizaba los pasos y figuras para que los demás los repitieran. Se cuenta que algunos bailes terminaban en discusiones cuando alguien modificaba los movimientos o no los imitaba correctamente.
El gusto del público fue cambiando. La figura del bastonero perdió importancia y para 1839 había sido eliminada. Poco después, durante la década de 1840, llegaron a Puerto Rico inmigrantes cubanos, entre ellos numerosos jóvenes que huían de la agitación política de su país. No llegaron solos ni con las manos vacías. Trajeron sus costumbres, sus bailes y una música de ritmo más cadencioso que permitía bailar en parejas independientes, sin que un bastonero tuviera que dirigir cada movimiento.
Al principio se bailaba en Puerto Rico la música que ellos habían traído, relacionada con la contradanza cubana y la habanera. A los jóvenes puertorriqueños les resultó mucho más atractiva que la antigua contradanza española. Las parejas podían bailar más libremente, acercarse y conversar mientras se movían al compás de la música.
Aquello no fue bien recibido por todos. Algunos sectores de la sociedad consideraron indecorosa la cercanía de las parejas y calificaron el nuevo baile como vulgar. En 1849, el gobernador Juan de la Pezuela llegó a emitir un bando con el propósito de prohibirlo o restringirlo. La medida no logró detenerlo.
Los nombres de algunas de las primeras piezas también contribuyeron a su mala reputación. Entre ellas se mencionan La sapa, El rabo del puerco, Ay, yo quiero comer mondongo, El tereque y La charrasca. Entre los primeros autores figuraron Aurelio Dueño, Francisco Santaella, Nemesio Quiñones, Manuel Pasarell, Manuel González, José Ruiz y Sandalio Callejo.
Con el tiempo, los músicos puertorriqueños dejaron de limitarse a interpretar las piezas cubanas y comenzaron a escribir las suyas. Fueron modificando el ritmo, añadiendo melodías nuevas y dándoles el sabor particular del país. La primera parte, conocida como paseo, servía para que las parejas recorrieran el salón antes de comenzar propiamente el baile. La sección siguiente, llamada entonces merengue, fue creciendo y transformándose. Poco a poco aparecieron temas adicionales y aquella música fue adquiriendo una personalidad cada vez más puertorriqueña.
En ese momento entró en escena Manuel Gregorio Tavárez. Había nacido en San Juan en 1843 y desde niño mostró una habilidad extraordinaria para el piano. Siendo todavía muy joven viajó a Francia para estudiar en el Conservatorio Imperial de París. Una enfermedad le impidió permanecer allí durante mucho tiempo, pero aquella experiencia le permitió conocer de cerca la música romántica europea y la manera en que se construían y desarrollaban las obras para piano.
Cuando regresó a Puerto Rico encontró una danza todavía joven, alegre y vinculada principalmente al baile popular. Tavárez utilizó lo aprendido en París para ordenar sus ideas, enriquecer las armonías y desarrollar melodías de mayor sensibilidad. La hizo más elegante, íntima y romántica, pero sin quitarle su cadencia puertorriqueña.
No creó la danza desde la nada. Tomó una música que ya estaba creciendo entre el pueblo y la ayudó a encontrar su forma artística. En sus manos dejó de ser solamente un baile de moda y comenzó a convertirse también en música para escuchar. Por esa aportación se le reconoce como el Padre de la Danza Puertorriqueña.
Para 1870 ya podía distinguirse una modalidad asociada especialmente con Ponce. Era una danza sentimental, apasionada y de melodías cantables. Tavárez encontró en esa ciudad un ambiente receptivo para su música y allí formó a varios discípulos. El más importante fue Juan Morel Campos, quien continuaría su obra y llevaría la danza a su mayor esplendor.
Existen otras explicaciones sobre el origen del género. Fernando Callejo lo relacionó con un danzón llegado de Venezuela en 1821. Otros autores han señalado la habanera cubana, la contradanza española e incluso la danza extremeña. Samuel R. Quiñones llamó la atención sobre una semejanza rítmica con la Cantiga de Santa María núm. 348, del siglo XIII. Esta última posibilidad se presentará mediante un enlace sencillo para quienes deseen examinar la partitura y escuchar la cantiga.
Forma
La danza tradicional consta generalmente de una introducción o paseo y tres temas. El paseo suele tener ocho compases en tiempo de dos por cuatro. Cada uno de los temas tiene comúnmente dieciséis compases. El paseo y los tres temas se repiten.
Después del tercer tema se acostumbra regresar al primero. Algunas danzas terminan entonces y otras incluyen una coda. También pueden aparecer puentes, secciones de ocho compases o variaciones en el orden y la extensión de las partes. La forma tradicional sirve como guía, pero nunca ha impedido que los compositores introduzcan sus propias ideas.
En muchas versiones orquestales, el bombardino mantiene el acompañamiento durante gran parte de la obra. Al llegar a uno de los temas, usualmente el tercero, puede abandonar esa función y asumir la melodía como solista. Por esa razón, esa sección se conoce como el canto de bombardino. No todas las danzas utilizan este recurso, pero se convirtió en una de las prácticas más características de la tradición orquestal.
El tresillo elástico
La partitura no siempre revela exactamente cómo se interpreta una danza. El mejor ejemplo es el llamado tresillo elástico. Aunque se escribe como un tresillo de corcheas regulares, en la práctica tradicional sus notas no se ejecutan con una división rigurosamente igual. El ritmo se estira y se comprime con una flexibilidad que los intérpretes aprendieron principalmente de oído.
La manera de ejecutarlo puede variar entre pianistas y agrupaciones, por lo que no debe reducirse a una fórmula matemática única. En la danza Vinagre, Morel Campos escribió en un mismo compás corchea con puntillo y semicorchea en la mano derecha, mientras mantuvo el tresillo de corcheas en la izquierda. El ejemplo demuestra que conocía la diferencia entre ambos patrones y ayuda a explicar por qué la tradición interpretativa no siempre coincide literalmente con lo escrito.
Románticas, festivas y superfestivas
Tradicionalmente se habla de danzas románticas y festivas. Sin embargo, esta clasificación resulta demasiado amplia para describir las diferencias que realmente existen entre ellas.
El compositor Luciano Quiñones propone dividir las danzas en tres grupos: románticas, festivas y superfestivas. Este último término describe las de ritmo particularmente rápido, carácter juguetón y acompañamiento cercano a la guaracha. Entre ellas se encuentran No me toques, Sí te toco, La cuñadita, El ciclón y Fiestas de Santa Rosa. Aunque todavía no constituye una clasificación formal, numerosos músicos y conocedores del género han coincidido con la utilidad de esta distinción.
Las danzas románticas son lentas, melódicas y sentimentales. Entre sus ejemplos se encuentran Margarita, de Tavárez; Laura y Georgina, de Morel Campos; Mis amores, de Simón Madera; Tú y yo, de Ángel Mislán, y Linda Flor, de Luciano Quiñones.
El término festivas quedaría entonces para las danzas que se encuentran entre los dos extremos. Son más rápidas y alegres que las románticas, pero conservan un acompañamiento más cercano al de estas. A ese grupo pertenecen Maldito amor, Sara, El coquí, Un conflicto, Linda Mayagüezana, Gloria y Consuelo.
Instrumentación de la danza
El instrumento por excelencia para la interpretación de la danza es el piano. Sin embargo, si recordamos que en sus principios su función principal era el baile, tenemos que entender que también era interpretada por agrupaciones musicales con distintas combinaciones de instrumentos.
En grabaciones y fotografías antiguas se pueden apreciar los instrumentos utilizados: los violines llevaban la melodía; el cornetín acentuaba algunas frases; los clarinetes compartían la melodía con los violines o completaban otras partes con armonías y contrapuntos; el contrabajo proporcionaba la base rítmica y armónica; y los bombardinos se encargaban del acompañamiento durante la mayor parte de la obra. En el trío o merengue, el bombardino podía asumir el papel de solista en la sección conocida como canto de bombardino.
El güiro, incorporado a la interpretación de la danza en 1853, le impartió su sabor criollo y llegó a ser parte indispensable de las agrupaciones, cualquiera que fuera la combinación instrumental. Más adelante, con el desarrollo de las bandas militares, se introdujo la caja redoblante para complementar la parte rítmica.
También se han escuchado bellas interpretaciones por conjuntos de cuerdas y por agrupaciones en las que uno o más cuatros puertorriqueños ejecutan la melodía, acompañados por guitarras y el imprescindible güiro. La sinfonía de mano se ha utilizado con gran acierto, aportando un sabor muy particular a las danzas apropiadas para ese instrumento.
La danza es una música sumamente adaptable. Puede ser interpretada por solistas, conjuntos pequeños, orquestas de baile, bandas u orquestas sinfónicas, con excelentes resultados en todos los casos.
Desarrollo de la danza
Aunque después de Morel Campos surgieron numerosos compositores, muchos estudiosos consideran que con José Ignacio Quintón se cierra el ciclo principal de la danza. Amaury Veray dividió su desarrollo en tres grandes épocas: la de Tavárez, correspondiente a su formación; la de Morel, que representa su plenitud; y la de Quintón, considerada su consecuencia y culminación artística.
Después de la muerte de Morel, la danza comenzó a perder gradualmente el lugar privilegiado que había ocupado en el gusto popular. Otras formas musicales y nuevos bailes fueron desplazándola, y su producción disminuyó notablemente. Bajo la sombra de un pino y Violeta, compuestas a mediados de la década de 1930, figuran entre las últimas danzas tradicionales que alcanzaron una popularidad verdaderamente amplia.
En décadas posteriores surgieron algunas excepciones importantes. Tú vives en mi pensamiento, de Eladio Torres; Añoranza, también conocida como Lo que yo quiero ser, de Rafi Escudero; Verde luz, de Antonio Cabán Vale; y Así eres tú, también conocida como Desde que yo te conocí, demostraron que la danza todavía podía conmover al público y formar parte de su memoria colectiva.
El temor de que el género desapareciera impulsó a músicos, instituciones y ciudadanos a tomar la iniciativa para conservarlo. Don Emilio E. Huyke expresó aquella preocupación en estos versos:
Jíbaro puertorriqueño escucha mi voz sentida, que mi danza preferida no se llama Vano Empeño. Despierta ya de tu sueño, abre el ojo y cierra el pico, y oye lo que aquí te explico, si te cabe en la sesera: que cuando la Danza muera, habrá muerto Puerto Rico.
Una de las primeras instituciones que tomó la iniciativa fue el Círculo de Recreo de San Germán, que en 1967 celebró su primer Certamen de Composición de Danzas. En 1970 el Instituto de Cultura Puertorriqueña estableció un certamen semejante durante la Semana de la Música Puertorriqueña. Posteriormente, el Club de Leones de Mayagüez celebró por varias décadas su Festival Leonístico de la Danza, iniciado en 1980. Estos esfuerzos estimularon la creación de nuevas obras y dieron a conocer varias generaciones de compositores.
La danza probablemente no volverá a ocupar el lugar que tuvo como baile de moda. Sin embargo, eso no significa que haya muerto. Su lugar se encuentra hoy más cerca de la sala de conciertos que del salón de baile. Se interpreta al piano, por conjuntos de cuerdas, cuatros, guitarras, bandas y orquestas, y continúa ofreciendo posibilidades para la creación contemporánea.
Debemos sentirnos satisfechos de que la danza haya sobrevivido a su época de mayor popularidad. A diferencia de otros géneros que desaparecieron al pasar su momento de gloria, la danza puertorriqueña evolucionó, alcanzó una expresión artística más elevada y permanece viva como una de las principales manifestaciones de nuestra cultura.