Retrato de Sylvia Rodríguez

Dedicatoria

En mi temprana juventud conocí a una joven que cautivó mi corazón. Fue mi primera novia, y fui yo también su primer y único novio. Después de cuatro años de noviazgo nos casamos, y disfrutamos de 34 años de una bella relación que, además de nuestra mutua felicidad, fue coronada por nuestro más preciado tesoro: dos hijos a los que amamos entrañablemente.

Esa joven se convirtió en una dama que siempre se caracterizó por su elegancia. Como esposa fue adorable, amantísima y dedicada. Como madre fue abnegada cual ninguna otra. Como profesional fue maestra ejemplar que realizó sus deberes con orgullo, responsabilidad y dedicación.

Muchas de mis danzas existen gracias a su motivación, y todas gracias a su inspiración. Gran parte de ellas van dedicadas directamente a ella, comenzando por mi primera composición, A Sylvia, así como Amor Eterno, compuesta a raíz de su fallecimiento como homenaje póstumo a ella y a nuestro bello amor, y ganadora del Primer Premio en el Certamen del Instituto de Cultura en 2005.

Por eso hoy me siento privilegiado de haber sido parte de la vida de esta gran mujer y de que ella haya sido parte de la mía; y con este trabajo trato de perpetuar su memoria, por lo que lo dedico con mi amor eterno a Sylvia T. Rodríguez Segarra, mi adorada Sylvia.

A Sylvia

De todas mis canciones
eres la melodía,
eres el mejor verso
en todas mis poesías;
y aún en la distancia,
después de tu partida,
eres el dulce aroma
que perfuma mi vida.

© Luciano Quiñones, 2004