Retrato de Manuel G. Tavárez

Compositores

Manuel Gregorio Tavárez

San Juan, 28 de noviembre de 1843 • Ponce, 1 de julio de 1883

Hijo de Manuel Alejandro Tavárez, ciudadano francés con conocimientos de música, y de la puertorriqueña Juliana Ropero, Manuel Gregorio Tavárez mostró desde niño una facilidad extraordinaria para el piano. Comenzó sus estudios en San Juan con Juan Cabrizas y recibió lecciones de armonía del organista de la Catedral, Domingo Delgado.

A los quince años viajó a Francia con el apoyo de admiradores y de la Sociedad Económica de Amigos del País. Tras aprobar los exámenes de ingreso fue admitido en el Conservatorio de París, dirigido entonces por Daniel Auber. Allí estudió piano, armonía y composición, y entró en contacto directo con la tradición romántica europea que habría de marcar su obra.

Una grave enfermedad interrumpió prematuramente aquella etapa y le dejó dificultades en la audición y una parálisis parcial de la mano izquierda. Regresó a Puerto Rico al cabo de aproximadamente un año, pero no abandonó la música. Ofreció conciertos por la Isla y se dedicó a la enseñanza, primero en San Juan, luego en Caguas y finalmente en Ponce, ciudad en la cual encontró un ambiente especialmente receptivo a su arte.

A pesar de sus limitaciones físicas, fue reconocido como un pianista de excepcional sensibilidad, gran facilidad para la lectura y notable capacidad de improvisación. Su repertorio incluía obras exigentes de Chopin, Liszt, Mendelssohn y otros maestros europeos. Esa formación también se refleja en sus propias composiciones, concebidas principalmente para el piano y caracterizadas por el lirismo, la delicadeza de la melodía y una expresión profundamente romántica.

Tavárez es recordado como el Padre de la Danza Puertorriqueña porque dio mayor refinamiento y personalidad artística a una forma que todavía conservaba mucho de su origen como baile popular. En sus manos, la danza adquirió una voz íntima y poética. No dejó de ser música para bailar, pero comenzó también a reclamar un lugar como obra para escuchar y como expresión del sentimiento puertorriqueño.

Su labor como maestro fue igualmente decisiva. Entre sus discípulos estuvo Juan Morel Campos, quien más tarde conduciría la danza a su época de mayor plenitud. También su hija Elisa Tavárez alcanzó reconocimiento como pianista dentro y fuera de Puerto Rico.

Además de sus danzas, escribió piezas de concierto y obras de mayor aliento. Su marcha orquestal Redención recibió medalla de oro y diploma de honor en la Feria Exposición de Ponce de 1882. Entre sus danzas más conocidas se encuentran Margarita, La sensitiva, La ondina, Ausencia, ¿Me amas?, Un recuerdito y Pobre corazón.

Murió en Ponce el 1 de julio de 1883, antes de cumplir los cuarenta años. Su muerte causó una profunda conmoción en la ciudad. Los homenajes que acompañaron su funeral dieron testimonio del respeto alcanzado por un músico cuya vida fue breve, pero cuya influencia señaló el comienzo de una nueva etapa para la danza puertorriqueña.

Consultar sus danzas