Compositores
Juan Morel Campos
Ponce, 16 de mayo de 1857 • Ponce, 12 de mayo de 1896
Juan Morel Campos es, sin duda, uno de los máximos exponentes de la danza puertorriqueña. Comenzó sus estudios musicales a los ocho años con Antonio Egipciaco. Durante su juventud aprendió a tocar casi todos los instrumentos de metal de la orquesta, fue organista de iglesia y dirigió por algún tiempo la Banda Municipal de Ponce.
Fue el discípulo más aventajado de Manuel G. Tavárez, cuya influencia se percibe en algunas de sus primeras composiciones. Sin embargo, Morel desarrolló muy pronto una voz propia. Incorporó a la danza ritmos, recursos melódicos y estilos de su época, además de numerosas ideas personales que ampliaron las posibilidades del género.
Su actividad creativa fue extraordinaria. Se le atribuyen más de quinientas cincuenta composiciones, entre ellas más de trescientas danzas. Además escribió música religiosa, sinfónica, teatral y de salón. La amplitud de ese catálogo resulta aún más notable si se considera que murió antes de cumplir los treinta y nueve años.
Muchas de sus danzas no fueron concebidas originalmente para piano. Morel dirigía su propia orquesta de baile, La Lira Ponceña, para la cual preparaba buena parte de sus composiciones y arreglos. Posteriormente las transcribía para piano, facilitando que pudieran interpretarse en los hogares y conservarse en partitura. En una época sin grabaciones, aquella versión pianística era un medio esencial para difundir la música.
Su experiencia orquestal le permitió conocer las posibilidades expresivas de cada instrumento. En sus danzas el bombardino adquirió especial relieve, particularmente en el tercer tema, conocido por esa razón como canto de bombardino. La variedad de sus acompañamientos, modulaciones y líneas internas hizo que muchas obras breves alcanzaran una riqueza poco común.
El amor, la admiración, los celos y el desencanto aparecen constantemente en sus títulos. Se cuenta que pretendió en amores a Mercedes Arias, quien no se atrevió a enfrentarse a la oposición de su familia. Alma sublime ha sido relacionada con la renuncia a ese amor. Posteriormente se casó con Secundina Beltrán, quien afirmaba que el nacimiento del primer hijo de la pareja despertó una nueva etapa de inspiración en el compositor.
Felices días, Vano empeño, Maldito amor, Laura y Georgina, No me toques, Tormento, Mis penas y Alma sublime son apenas una muestra de su repertorio. En sus manos la danza alcanzó una plenitud melódica, rítmica y expresiva que todavía sirve de referencia a compositores e intérpretes.
El 26 de abril de 1896, mientras dirigía El reloj de Lucerna en Ponce, sufrió un colapso que le impidió continuar. Murió el 12 de mayo, cuatro días antes de cumplir treinta y nueve años. Su producción y la permanencia de sus obras lo convirtieron en una de las figuras centrales de la historia musical puertorriqueña.